¿Cuántos deberes hay que mandar en Primaria y qué tarea funciona de verdad en casa?
Diez minutos por curso: 10 en 1º, 20 en 2º, hasta 60 en 6º. Y una condición que pesa más que el reloj: la tarea tiene que ser algo que el niño pueda terminar solo, sin que nadie en casa le explique nada nuevo. Si necesita un adulto que le enseñe a dividir, eso no son deberes, es clase particular gratis. Repaso, lectura y práctica de lo ya sabido.
El curso pasado, en una tutoría de 4º, una madre me lo dijo tal cual: «Es que a las nueve seguimos con la ficha y ya nos gritamos los dos». La ficha era de un contenido que se había explicado esa misma mañana. Ahí el problema no era la niña.
¿Cuánto tiempo de deberes tiene sentido en cada curso?
La referencia más usada es la regla de los diez minutos: diez minutos por cada curso, al día, contando todas las asignaturas juntas. Viene del trabajo de Harris Cooper, que revisó décadas de estudios sobre deberes, y la recogen desde hace años las asociaciones de familias y de docentes en Estados Unidos. No es una ley, es un techo razonable.
| Curso | Edad | Tiempo total al día | Qué cabe ahí de verdad |
|---|---|---|---|
| 1º | 6-7 | 10 minutos | Leer en voz alta 5 minutos y tres sumas ya practicadas |
| 2º | 7-8 | 20 minutos | Lectura + una tirada corta de cálculo o cuatro palabras de dictado |
| 3º | 8-9 | 30 minutos | Lectura + tablas + un texto de cinco líneas |
| 4º | 9-10 | 40 minutos | Lectura + cálculo + repasar lo subrayado de Sociales |
| 5º | 10-11 | 50 minutos | Lectura + problemas de un paso + preparar una exposición corta |
| 6º | 11-12 | 60 minutos | Lectura + repaso de examen + trabajo largo repartido por días |
Ese tiempo es el que el niño tarda de media, no el que tú tardarías en resolverlo. Regla de bolsillo para calcularlo: lo que a mí me lleva un minuto, a un alumno de 2º le lleva cuatro o cinco.
¿Sirven de algo los deberes en Primaria?
Para las notas, poco. La revisión de Cooper (2006) encontró que la relación entre deberes y rendimiento es prácticamente nula en los cursos de Primaria y solo se vuelve apreciable en Secundaria. Lo que sí sostiene la investigación es el efecto de la lectura diaria y de la práctica distribuida: repasar diez minutos hoy y diez mañana cunde más que cuarenta de golpe el domingo.
Así que la pregunta útil no es cuántos deberes mando, sino para qué. Tres motivos que aguantan:
- Automatizar lo que ya se entiende: leer, sumar, las tablas, la ortografía de las palabras del trimestre.
- Crear rutina: quince minutos a la misma hora, en el mismo sitio.
- Enseñar a la familia qué estamos haciendo: el cuaderno es la ventana al aula.
Y uno que no aguanta: terminar en casa lo que no dio tiempo en clase. Eso castiga al que va más lento, que suele ser justo el que menos ayuda tiene fuera.
¿Qué tipo de tarea funciona en casa y cuál acaba en bronca?
El filtro es uno solo: ¿puede empezarla y acabarla sin preguntar? Si la respuesta es no, se queda en clase.
Funciona:
- Leer en voz alta a alguien. Cinco minutos en 1º y 2º, diez a partir de 3º. Vale un hermano, una vecina o el perro.
- Cálculo de repaso, en tira corta: diez operaciones del tipo que ya se domina, no quince de una cuenta nueva.
- Copiar y usar cinco palabras de la semana en frases suyas.
- Tareas de mirar la casa: contar cuántas ventanas hay, medir la mesa con palmos, buscar tres objetos con forma de cilindro, apuntar el precio de tres cosas de la compra.
- Preguntar en casa: cómo era su colegio, un juego de cuando eran pequeños, una receta.
Acaba en bronca:
- Contenido nuevo sin explicar.
- Maquetas, murales y trabajos de manualidades que hace el adulto y firma el niño.
- Trabajos que exigen impresora, ordenador o conexión para poder entregarse.
- Fines de semana y vacaciones cargados. El viernes se manda leer y nada más.
- Cuadernillos de verano de 80 páginas que llegan intactos o hechos en tres tardes de agosto.
¿Y si en casa no pueden ayudar?
Esta es la parte que casi nunca se escribe. En cualquier aula hay familias que trabajan por turnos, que no manejan el castellano escrito, que no terminaron la escolaridad o que tienen tres niños y una mesa. Si mi tarea da por hecho un adulto disponible a las seis de la tarde, estoy repartiendo notas por código postal.
Lo que hago:
- Tarea autoexplicada. La primera operación va resuelta como modelo, en el propio cuaderno. Y las instrucciones se leen en voz alta en clase antes de salir, siempre.
- Regla de los quince minutos. Se lo digo a las familias por escrito: si a los quince minutos sigue atascado, se para, se pone una nota en el margen («se atascó aquí») y se cierra el cuaderno. Yo lo veo al día siguiente y lo retomo. Nadie se queda hasta las diez.
- Un cuarto de hora de aula para deberes. Después del recreo, los que lo necesitan empiezan la tarea conmigo delante. Los que ya la tienen hecha leen. Es el rato en el que más aprendo yo sobre quién ha entendido qué.
- No corrijo la calidad del material. Un mural en folio a lápiz vale lo mismo que uno en cartulina con letras de imprenta. Si puntúo la cartulina, puntúo el bolsillo de los padres.
- Aviso a la biblioteca y al AMPA. En muchos barrios hay refuerzo por las tardes y las familias no saben que existe. Esa información se da en la reunión de octubre, no en junio.
¿Cómo se lo cuento a las familias sin que parezca que dejo de mandar deberes?
En la reunión de principio de curso, tres frases y un papel de media cara pegado en la agenda. Lo que pongo: el tiempo máximo del curso, la regla de los quince minutos, y qué se espera del adulto. Que es esto: preparar el sitio, quitar la tele, y preguntar al final «¿qué tal?». No corregir, no sentarse al lado a dictar, no borrar. Un cuaderno con tres fallos míos me sirve; uno perfecto hecho a cuatro manos no me dice nada.
Cuando alguna familia pide más deberes —pasa cada curso, sobre todo en 5º y 6º con la vista puesta en el instituto—, la respuesta es lectura. Diez minutos más de libro elegido por el niño rinden más que otra ficha.
¿Qué suele salir mal el primer trimestre?
Que calculo el tiempo con mi cabeza y no con la suya, y lo que yo veo como «diez minutos» son treinta y cinco en casa de un alumno de 3º. Se arregla preguntando en clase, en la asamblea del viernes, cuánto tardaron de verdad; y ajustando la semana siguiente.
Que la regla de los quince minutos no se la creen hasta que la aplico. La primera vez que un niño llega con el cuaderno a medias y su nota en el margen, y no pasa nada, se corre la voz por el grupo de familias en dos días.
Y que se me acumulan tareas de tres asignaturas para el mismo martes porque cada especialista manda lo suyo sin mirar. Eso se habla en coordinación de ciclo con un calendario en la pared del aula: martes cálculo, jueves lengua, lectura todos los días. Cinco minutos de reunión al mes.