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Entre Tizas Recursos vivos y sin pantallas para maestros de Infantil, Primaria y familias

Dibujar el ordenador en la pizarra: la actividad del maestro de Ghana que funciona aunque tengas tablets

· 5 min de lectura

La foto la habrás visto: una pizarra verde con la ventana del Word dibujada a tiza, con su barra de título, sus menús, sus iconos y hasta la barra de desplazamiento coloreada. Delante, un maestro señalando el botón de guardar. Se hizo viral en 2018 y volvió a circular hace nada.

La historia siempre se cuenta igual: el maestro que no tenía nada y lo dio todo. Y está muy bien, pero se queda en lo emotivo y se pierde lo que de verdad nos sirve, que es que la actividad funciona. Funciona en una escuela sin ordenadores y funciona en un aula con veinticinco tablets, y por el mismo motivo.

Lo que pasó, con los datos en su sitio

Richard Appiah Akoto daba clase en la Betenase Municipal Assembly Junior High School, en una aldea agrícola de Ghana. Tenía treinta y tres años. Un detalle que casi nunca se cuenta: no es que la escuela no hubiera tenido nunca un ordenador, es que el único que había estaba estropeado, y el portátil del propio maestro también. Y sus alumnos tenían por delante un examen nacional de informática.

Así que dibujó la pantalla. Con detalle: la cinta de opciones, los iconos de impresora, guardar y corrector, y la barra lateral. Subió la foto a Facebook y aquello se fue de las manos. Microsoft lo invitó a su encuentro de educadores en Singapur y se comprometió a dotar el aula.

Por qué funciona, que es lo que nos interesa

Cuando un niño usa un programa en la pantalla, hace clic y algo pasa. Aprende la secuencia de gestos. Pero pregúntale luego dónde estaba ese botón, o qué había en el menú de al lado, y muchos no saben contestar: han usado el programa sin llegar a verlo.

Dibujarlo obliga a lo contrario. Para dibujar la ventana hay que mirarla de verdad: cuántas partes tiene, qué va arriba y qué abajo, por qué las herramientas de texto están juntas y separadas de las de imagen. Eso es leer una interfaz, y es una competencia que se transfiere: quien ha aprendido a mirar una ventana sabe orientarse en la siguiente, aunque sea otro programa y otro dispositivo.

Y hay un efecto de aula que se nota enseguida: desaparece la carrera. Con dispositivos, siempre hay tres que van por delante y cinco que se han perdido en el primer paso. En la pizarra van todos al mismo sitio y a la vez.

Cómo se hace el lunes

Hace falta: la pizarra, tizas de dos colores y, si puedes, un folio por pareja. Nada más.

Uno. Enseña la ventana real treinta segundos, en la pizarra digital, en tu portátil o en una foto impresa. Solo mirarla. Que nadie toque nada.

Dos. Tápala y pide que la dibujen entre dos, de memoria, en un folio. Saldrán fatal, y eso es exactamente el ejercicio: ahí se ve lo que no habían mirado nunca.

Tres. Dibújala tú en la pizarra, despacio y en voz alta, nombrando cada zona mientras la trazas. «Esto de arriba es la barra donde pone el nombre del archivo. Esta franja es donde están las herramientas para cambiar la letra.» El color se usa para agrupar: todo lo del texto en amarillo, todo lo de guardar y abrir en blanco.

Cuatro. Ahora vuelven a su folio y corrigen lo suyo con otro color, sin borrar lo anterior. Que se vea la diferencia entre lo que creían y lo que hay.

Cinco. Y el paso que lo convierte en aprendizaje de verdad: pídeles una tarea señalando en el dibujo, no en la pantalla. «Has escrito el título y quieres ponerlo en negrita. Sal y señálame por dónde vas.» El que sale, señala y explica.

Cuando el grupo va a distintas velocidades

A los que van sobrados, dales el reto de dibujar lo que pasa cuando pulsas: cómo cambia la ventana al abrir un menú, o qué aparece al pedir guardar por primera vez. Es más difícil de lo que parece y les ocupa toda la sesión.

A los que les cuesta, redúceles el dibujo a tres zonas: dónde se escribe, dónde se guarda y dónde se cambia la letra. Con eso ya pueden hacer el paso cinco, que es el que importa.

Y si tienes alumnado que no ha usado nunca un ordenador en casa, que los emparejen con quien sí. El que sabe tiene que explicarlo sin tocar nada, solo con la tiza, y ahí se le ven los agujeros a él también.

La misma idea en casa

Sirve igual con lo que haya. Que dibujen de memoria la pantalla del móvil de casa, o el mando de la tele, o la pantalla de inicio de la tablet. Después se compara con el aparato de verdad. La conversación que sale de ahí —«anda, si esto no estaba donde yo creía»— es la misma que buscamos en clase, y en casa suele durar más.

Una última cosa

La historia de Ghana se cuenta como si el mérito fuera la falta de medios, y no es eso. El mérito es que aquel maestro entendió que sus alumnos necesitaban entender la herramienta, no solo tocarla, y encontró la manera con lo que tenía en la mano.

Nosotros tenemos más aparatos y a menudo el mismo problema: niños que saben hacer clic y no saben mirar. La tiza no es el plan B. En este caso concreto, es la herramienta buena.