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El fútbol se come el centro del patio: cómo lo medimos y cómo lo repartimos sin prohibir nada

· 5 min de lectura
El fútbol se come el centro del patio: cómo lo medimos y cómo lo repartimos sin prohibir nada

Un martes de octubre, Lucía y yo bajamos al recreo con una carpeta, dos lápices y un plano del patio que habíamos dibujado la tarde anterior en un folio cuadriculado. Nadie nos preguntó qué hacíamos. Los de 5º y 6º ya estaban en la pista, con las porterías de siempre y el balón de siempre. Alrededor, en una franja pegada a la valla, estaba el resto del colegio.

Llevábamos tres cursos diciendo en el claustro que el fútbol se lo comía todo. Y siempre había alguien que contestaba que eso era una impresión nuestra. Así que fuimos a contarlo.

Qué buscamos al medir el patio

Los proyectos de patios coeducativos que se han hecho en colegios españoles, como los del colectivo barcelonés Equal Saree, empiezan por lo mismo: mirar el patio como quien mira el plano de un barrio. Quién ocupa el centro, quién se queda en los bordes, quién da vueltas sin saber a qué jugar. Los informes que he leído repiten la misma foto: la pista central se queda con la mayor parte del espacio útil y la usa una minoría, casi siempre chicos de los cursos altos.

No íbamos a buscar culpables. Queríamos un dato de nuestro patio, con nuestros niños, para llevarlo al claustro y a las asambleas de clase.

Qué hace falta

  • Un plano del patio dibujado a mano en un folio.
  • Dos adultos: una mira y dicta, la otra apunta. Si una está de vigilancia, mejor que la otra no.
  • Una hoja con una tabla sencilla: zona, hora, cuántos niños, cuántas niñas, qué hacen.
  • Un reloj.

No hay que comprar nada. Prepararlo lleva media hora la primera vez. La observación ocupa un recreo, y conviene repetirla tres o cuatro días distintos, porque el lunes y el viernes no se parecen.

Paso a paso

1. Partir el plano en zonas

Marcamos seis: la pista, la franja junto a la valla, el arenero, los bancos, los árboles y la puerta de los baños. Con más zonas no da tiempo a contar.

2. Contar cada cinco minutos

Cada cinco minutos, Lucía barría el plano de izquierda a derecha y dictaba. Yo apuntaba quién estaba en cada zona y qué hacía: corre, habla, está sentado, mira. A los quince minutos ya teníamos la foto. En la pista, veintitantos. Fuera de ella, todos los demás, apretados en los bordes.

3. Enseñarlo

Coloreamos el plano y lo llevamos al claustro. La semana siguiente, a cada asamblea. Los de 3º lo entendieron a la primera. Una niña de 4º levantó la mano y dijo que ella nunca había pisado el centro del patio.

4. Turnos por días

La pista se queda, pero se reparte. Lunes y jueves, fútbol. Martes, juegos de pelota mixtos. Miércoles, comba larga y juegos pintados con tiza en el suelo. Viernes, lo decide la asamblea de delegados. El cuadrante va en la puerta del patio, a la altura de los ojos de un niño de 1º.

5. Zonas nuevas sin obra

Una rayuela y un circuito de tiza en una esquina. Dos bancos girados, uno frente a otro, para hacer un rincón de charla. Una manta vieja debajo de los árboles para quien quiere leer o no hacer nada.

6. Material suelto

Aquí nos llevamos la sorpresa. Una caja de plástico con cuerdas, tizas, telas, pinzas de la ropa, cubos y cajas de zapatos. La llenaron las familias en una semana. El primer día se vació en dos minutos, y los de 1º montaron una tienda de campaña contra la valla que aguantó todo el recreo.

Qué salió mal la primera vez

Al sonar el timbre, el material se quedó tirado por el patio. Tuvimos que nombrar encargados de recogida por clase, rotando cada semana. Los martes, además, eran una discusión continua sobre qué cuenta como juego mixto. Lo arreglamos con una regla corta: el juego del martes lo propone cada semana una clase distinta, y esa clase explica las normas en la fila antes de salir.

Los de 6º, que llevaban cinco años con la pista

Con los pequeños fue fácil. Con 6º, no. Llevaban la pista desde 1º, y para ellos el reparto significaba perder tres días de cada cinco. Vinieron a tutoría con el argumento bien armado: se iban del colegio en junio y les estábamos quitando el último año.

Andrés, su tutor, no discutió. Les propuso hacer ellos la segunda medición. Una semana después, cuatro chicos de 6º estaban en el patio con el plano y la hoja, contando cada cinco minutos. En clase pasaron los datos a porcentajes y los pintaron en un gráfico de sectores. Matemáticas de 6º con datos que eran suyos.

No se convencieron todos. Dos siguen protestando los miércoles. Pero fueron ellos quienes propusieron la liguilla de los lunes con equipos mezclados con 5º, y uno de ellos arbitra el partido de 3º los jueves. Hay una que descubrió la comba larga y ahora la organiza ella.

Cuando el grupo tiene edades y niveles distintos

  • 1º y 2º: no hace falta que cuenten. Basta con que, en asamblea, señalen en el plano dónde juegan y dónde les gustaría jugar. Sale mucho.
  • 3º y 4º: pueden contar una sola zona durante un recreo, con palitos en una hoja.
  • 5º y 6º: hacen la medición completa, la pasan a fracciones o porcentajes y la presentan al claustro o al consejo escolar.

La misma idea en casa

Un sábado por la mañana en el parque, con un niño de 8 o 9 años, se puede hacer lo mismo sin plano: mirar diez minutos quién está en la pista, quién en los columpios y quién en los bancos. Luego se pregunta: ¿dónde juegas tú?, ¿dónde te gustaría jugar y no vas? Las respuestas suelen sorprender a los padres.

Y una bolsa de tela con una cuerda, tizas, un par de pinzas y una sábana vieja da para una mañana entera de parque sin balón. Con los de 4 y 5 años, mejor salir con la bolsa y dejarles inventar el juego.