Lorca montó un teatro ambulante para los pueblos: cómo hacer una Barraca en tu clase
Hay un dato de Lorca que casi nunca sale en clase y que a los niños les gusta más que sus poemas: se pasó cuatro años metiendo un teatro en un camión y llevándolo por los pueblos.
Se llamaba La Barraca. La creó el Ministerio de Instrucción Pública en 1931, era teatro universitario, y él la dirigió junto a Eduardo Ugarte entre 1932 y 1936. Iban a sitios donde no había llegado nunca una función. Montaban en la plaza y representaban a Cervantes, a Lope, a Calderón.
Esa idea se traslada al aula sin apenas cambios, y de ahí sale una de las actividades que mejor funcionan de tercero en adelante.
Qué se busca con esto
Que el teatro deje de ser un texto que se lee por turnos en el libro y pase a ser una cosa que se monta, se transporta y se enseña a alguien.
Se trabaja lectura en voz alta, memoria, expresión corporal y convivencia. Y se trabaja algo que no suele tener hueco: la responsabilidad de que una función salga porque hay gente esperando.
Qué hace falta
Poco, y todo está por casa o en el trastero del cole:
Una sábana vieja o dos cartones grandes para el fondo. Una caja de cartón por grupo, que es donde va el atrezo y que hace de «carro». Papel continuo y pinturas. Y una campanilla o un silbato para avisar del comienzo, que es la parte que más ilusión hace.
Nada de pantallas. Aquí no hacen falta y estorban.
El paso a paso, en cuatro sesiones
Sesión 1. Se reparten las compañías. Grupos de cuatro o cinco. Cada grupo elige un nombre y decide quién dirige, quién actúa y quién se encarga del decorado. Importante: el que dirige no actúa. Así hay sitio para los que no quieren ponerse delante.
Sesión 2. El texto. Un fragmento corto, de cinco minutos como mucho. Sirve un entremés de Cervantes adaptado, un cuento tradicional o un poema con dos voces. La Barraca hacía teatro clásico y aquí vale lo mismo: lo antiguo funciona muy bien cuando se dice en alto.
Sesión 3. Se monta el carro. Cada compañía prepara su caja: lo que quepa dentro es lo que hay. Esa restricción es la que hace pensar, porque obliga a elegir.
Sesión 4. La gira. Y esta es la sesión que lo cambia todo: no se representa en tu clase. Se va a otra. A los de Infantil, a los de primero, al pasillo con las familias a la salida. La Barraca iba a los pueblos; aquí se va a otra aula.
Cuando el grupo tiene niveles muy distintos
Esto es lo bueno del formato, y por eso lo recomiendo por encima de la lectura dramatizada de siempre.
Al que le cuesta leer se le da un papel de una o dos frases, o el de encargado del telón, que entra y sale y tiene su momento. Al que lee muy bien se le da el de narrador, que lleva el peso. Y al que no quiere que le miren, el decorado y la caja, que es un trabajo de verdad y se ve.
Nadie se queda fuera y nadie queda en evidencia, que es lo que suele pasar cuando se reparten papeles por orden de lista.
Cómo se lleva a casa
La caja se va con ellos el fin de semana. Se dice tal cual: «esta compañía actúa el sábado en tu casa, para quien sea». Vuelve el lunes con la función contada.
Funciona sorprendentemente bien y no cuesta nada preparar.
El trozo de historia que conviene contarles
A La Barraca la acompañaban las Misiones Pedagógicas, que llevaban libros, cine y música a pueblos que no tenían nada de eso. La idea era de Manuel Bartolomé Cossío y venía de más atrás, de Giner de los Ríos.
Era gente joven metiendo cultura en un camión y bajando a descargarla en una plaza.
La última función de La Barraca fue en la primavera de 1936, en el Ateneo de Madrid. Unos meses después mataron a Lorca.
Eso último se puede contar o no, según la edad que tengas delante. Lo primero sí, siempre: que hubo un tiempo en que el teatro iba a buscar a la gente en lugar de esperarla sentado.