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Entre Tizas Recursos vivos y sin pantallas para maestros de Infantil, Primaria y familias

Lee 38 palabras por minuto en 2º: ¿voy a tiempo o tengo un problema?

· 6 min de lectura
Lee 38 palabras por minuto en 2º: ¿voy a tiempo o tengo un problema?

La madre de Lucía me esperó el martes a la salida con un papel doblado en la mano. Era una hoja que le habían dado en una academia: «38 palabras por minuto». Debajo, una tabla con colores y la palabra «percentil». Me preguntó, sin rodeos, si su hija tenía dislexia.

Lucía está en 2º, cumplió siete años en mayo y lee. Lee despacio, se para en las palabras largas, se salta alguna tilde y no respeta los puntos. Pero lee. Y yo no tenía ni idea de si 38 era poco, era normal o era para preocuparse, porque hasta esa tarde nunca había cronometrado a nadie con un reloj en la mano.

Para qué sirve medir esto

La fluidez lectora es el peaje. Mientras el niño gasta toda su cabeza en descifrar, no le queda nada para entender lo que descifra. Por eso un alumno de 3º puede leer un problema de matemáticas entero y no saber qué le han preguntado. La medida de palabras por minuto no dice si un niño es buen lector: dice cuánto esfuerzo le está costando el paso previo.

Sirve para dos cosas concretas. Para saber si un niño está muy lejos de su grupo. Y para ver, midiendo otra vez en enero y en mayo, si avanza o se queda clavado. Lo segundo importa más que lo primero.

Qué hace falta

  • El libro de lectura del propio alumno, o cualquier texto de su nivel que no haya leído antes. Nada de fotocopias de internet.
  • Un cronómetro. El móvil vale.
  • Una fotocopia del mismo texto para mí, para ir marcando.
  • Dos minutos y un sitio donde el resto no oiga. El pasillo, la biblioteca, un rincón mientras los demás trabajan.

Preparación: cinco minutos el primer día, cero los siguientes. Por alumno se tarda unos tres minutos. Una clase de 24 se despacha en dos sesiones de rincones.

El paso a paso

Le digo: «Lee en voz alta como lees siempre. Si te atascas en una palabra, sigue». No digo «corre» ni «a ver cuánto tardas». En cuanto oyen «tiempo», algunos salen disparados y la medida se estropea.

Pongo dos minutos y voy marcando en mi copia: una raya sobre cada palabra que sustituye, omite, inventa o no saca en tres segundos. Las que se corrige solo no cuentan como fallo. Al terminar, cuento las palabras leídas, resto los fallos y divido entre dos. Eso son las palabras correctas por minuto.

Y apunto dos cosas más, que valen tanto como el número: el porcentaje de acierto (palabras correctas entre palabras leídas) y si ha parado en los puntos, ha subido en las preguntas y ha agrupado las palabras por grupos con sentido. Después le pido que me cuente de qué iba. Si no me lo sabe contar, el número da igual.

Los rangos que se manejan

Esta tabla es la orientación que circula por los claustros para final de curso. No es un baremo oficial ni sale de ninguna orden: es un rango de referencia, y hay que leerlo como tal.

Curso (final) Palabras correctas por minuto
1º entre 35 y 59
2º entre 60 y 84
3º entre 85 y 99
4º entre 100 y 114

Lucía tiene 38 en noviembre de 2º. Está por debajo. Pero está en noviembre, no en junio, y viene de un 1º con dos meses de bajas del tutor. Ese contexto no aparece en ninguna tabla.

Por qué el número miente un poco

El mismo niño da tres medidas distintas en una semana. Depende del texto, de la hora, de si ha desayunado, de si le he puesto el móvil delante o lo he dejado boca abajo. Diferencias de diez o quince palabras entre lunes y jueves son normales. Si la decisión que voy a tomar cambia por diez palabras, es que no tenía datos suficientes para tomarla.

Y un percentil no es un diagnóstico. Un percentil solo dice cuántos niños de su edad leen más rápido. Siempre hay un 20 % en el 20 % más lento, por definición, y la mayoría de esos niños no tienen ningún trastorno. Diagnosticar no es cosa nuestra ni de una academia: es de la orientadora, con pruebas estandarizadas.

Hay algo que vigilo antes que la velocidad: el porcentaje de acierto. Un niño que lee 70 palabras pero falla una de cada diez me preocupa más que uno que lee 45 sin errores. El lento con buena precisión suele ir cogiendo ritmo. El rápido que inventa palabras está adivinando por el dibujo o por la primera sílaba, y eso se enquista.

Cuándo dejo de esperar

Llamo a la puerta de la orientadora cuando se da alguna de estas:

  • La precisión baja del 90 % en un texto de su curso, aunque la velocidad parezca decente.
  • Ha estado ocho semanas con apoyo específico dentro del aula y la segunda medida es igual que la primera.
  • En 2º avanzado sigue silabeando palabras de dos sílabas conocidas, o cambia letras de sitio de forma constante.
  • Lee razonablemente y no se entera de nada de lo que lee. Eso no es fluidez, es comprensión, y va por otro camino.
  • Hay antecedentes en la familia. No lo digo yo: se lo pregunto a la familia y lo apunto.

Lo que no hago es esperar a junio «a ver si madura». En 2º todavía estamos a tiempo de que el apoyo sea barato. En 5º ya arrastra tres cursos de no entender los enunciados.

Cuando el grupo va a tres velocidades

Uso lectura repetida y funciona: el mismo texto corto, tres veces, tres días. La segunda vez ya va mejor y lo nota él, que es lo que importa. Los que van sobrados leen textos nuevos y más largos; los que van justos repiten el mismo, pero uno que puedan con él. Nadie lee en voz alta delante de toda la clase un texto que no ha visto antes.

Lo mismo en casa

A la madre de Lucía le dije que se olvidara del cronómetro. Que leyeran cinco minutos cada noche, por turnos: una página ella con voz de cuento, una página la niña. Que si se atasca más de tres segundos, le dé la palabra y siga, sin sermón. Y que el domingo lea Lucía dos veces seguidas la misma página, para que se oiga mejor la segunda.

Lo que salió mal la primera vez

Puse el cronómetro encima de la mesa, a la vista. El primer niño leyó mirando los números en vez del texto y bajó quince palabras respecto a lo que hace en clase. Ahora lo pongo boca abajo. Y la primera tanda la hice con una lectura que ya habíamos trabajado en clase: salieron todos estupendos y no me sirvió de nada.