Marcos escribe con la izquierda y nadie le había girado el papel
Corrigiendo cuadernos de 2º un martes de noviembre, el de Marcos se distinguía sin abrirlo: el canto de las hojas venía gris. Dentro, la letra se torcía hacia arriba al final de cada renglón y las líneas se le montaban un poco. Yo llevaba semanas anotándole «cuidar la presentación» en el margen, con esa letra roja de maestra que sirve para tan poco.
Ese día me senté a su lado en su silla mientras el resto salía al patio. Le pedí que escribiera la fecha. Y lo vi: Marcos tenía el folio recto, igual que los demás, y el brazo izquierdo cruzándolo entero para llegar al margen. La mano iba por delante de lo que acababa de escribir, arrastrando el lápiz recién puesto. Para poder ver algo, levantaba la muñeca y la doblaba hacia dentro, en gancho. Y estaba sentado a la derecha de Nerea, así que cada vez que escribían a la vez se daban con los codos.
Marcos no escribía mal. Marcos escribía con la izquierda en una mesa preparada para la derecha, y llevaba tres cursos así.
Qué se arregla y qué no
Un zurdo de siete años empuja el lápiz donde un diestro lo tira. Esa diferencia sola explica la mancha en el canto de la mano, el trazo que se rompe en la subida de las letras y la incomodidad general. No se arregla con más fichas de caligrafía. Se arregla girando el papel, cambiando el sitio en la mesa y revisando cuatro cosas del estuche.
Va para todo Infantil de 5 años y para 1º y 2º de Primaria sobre todo, que es cuando se asienta la postura, pero conviene mirarlo también en 3º y 4º: hay niños de nueve años que siguen escribiendo con el folio recto porque nadie se paró a mirar.
Lo que hace falta
- Un folio y un lápiz. Nada más para lo básico.
- Un trozo de celo o de washi tape para marcar la inclinación en la mesa los primeros días.
- Unas tijeras de zurdo. Esto sí hay que comprarlo: rondan los tres o cuatro euros y en muchos centros entran en el pedido de material sin problema.
- Si puedes, un bloc con la espiral arriba, o folios sueltos en una carpeta con solapas.
Preparar esto lleva cinco minutos de un recreo. La conversación con el niño, otros cinco.
El paso a paso, en su mesa
Primero, el papel. Se gira en el sentido de las agujas del reloj, hasta que la esquina de arriba a la derecha quede claramente más alta que la de la izquierda. Unos treinta grados. Los diestros lo inclinan al revés y nadie se lo ha enseñado nunca: lo hacen solos. Los zurdos casi nunca lo descubren, porque copian lo que ven en la mesa de al lado. Con la hoja girada, la mano queda por debajo del renglón y el niño ve lo que escribe sin doblar la muñeca.
Segundo, el sitio. El zurdo va a la izquierda de su compañero de mesa. Es un cambio de dos minutos en el plano de clase y quita el 90 % de los codazos. Si trabajáis en grupos de cuatro, que ocupe una esquina exterior.
Tercero, la luz. Que le entre por la derecha, del lado contrario a la mano, para que no escriba dentro de su propia sombra. En un aula con ventanas a un lado, esto decide en qué fila lo pones.
Cuarto, dónde agarra. Un poco más arriba de lo habitual, a dos o tres dedos de la punta. Sujetando muy abajo, la mano tapa la palabra recién escrita y aparece otra vez el gancho.
Las tijeras, que es donde más se nota
Aquí vienen la mayoría de los «es que recorta fatal». Unas tijeras normales llevan la hoja derecha encima. Cuando las coge un zurdo, esa hoja de arriba le tapa justo la línea que tiene que seguir, y el gesto natural de su mano separa las hojas en vez de juntarlas, así que el papel se dobla y no corta. El niño aprieta más, se le pone la mano roja y recorta torcido. No es pulso: es la herramienta.
Unas tijeras de zurdo llevan las hojas al revés y la línea queda a la vista. Compra dos o tres pares para el aula y márcalas con esmalte de uñas en el aro, porque desaparecen. Y si en el centro hay unas «ambidiestras» de esas con los dos aros iguales, ojo: eso suele ser solo el mango, y el mango no era el problema.
La espiral, el sacapuntas y la regla
El cuaderno de espiral se le come el margen: el alambre queda debajo de la muñeca y le obliga a escribir subido en un bulto. Con folios sueltos, un archivador o un bloc de espiral superior, se acabó. Si en tu centro el cuaderno es obligatorio y de espiral lateral, deja que lo use empezando por el final, con el cuaderno girado. Cuesta acostumbrarse una semana y luego no lo nota nadie.
Con el sacapuntas, el de bote va mejor: se sujeta el bote con la izquierda y se gira el lápiz con la derecha, y el sentido deja de importar. Con la regla, enséñale a medir empezando por el otro extremo o a colocarla de manera que su mano no le tape los números. Y con el bolígrafo de gel, que tarda en secar, la mancha vuelve aunque el papel esté bien girado: mejor lápiz en 1º y 2º, y bolígrafo de tinta rápida más adelante.
La mano en gancho no es un defecto que corregir
Hay quien ve la muñeca doblada y va a colocarla. Yo lo he hecho, y me arrepiento. Muchas veces esa postura rara es la única manera que ha encontrado el niño de ver lo que acaba de escribir con el papel recto. Si le enderezas la mano sin girarle el papel, le quitas la solución y le dejas el problema.
El orden es al revés: gira la hoja, cambia el agarre de sitio, y observa dos semanas. Muchos sueltan la muñeca solos. Los que no la suelten, si escriben con soltura y sin dolor, déjalos escribir. Nunca, jamás, le cambies la mano a un niño ni le sugieras que pruebe con la otra.
Cuando en clase no todos van igual
En 5 años trabaja solo la inclinación del papel y las tijeras, y hazlo en el rincón de plástica con todos: a los diestros les dices que giren el folio al otro lado, y así ninguno se siente señalado. En 1º y 2º entra el agarre y el sitio en la mesa. De 3º en adelante, si ya tiene una postura muy hecha, no la revuelvas entera: cambia solo la inclinación del papel y el cuaderno, que son los dos que dan resultado rápido sin romperle la letra que ya tiene.
Si en tu grupo hay tres o cuatro zurdos, junta a dos en la misma mesa, uno frente a otro o cada uno en su esquina exterior. Y avisa a quien dé plástica, música o inglés: el material lo comparte todo el claustro.
Lo mismo en casa
En la mesa de la cocina, tres cosas. Girad el papel juntos y dejad marcada la inclinación con dos trocitos de celo en el hule, para que él solo coloque el cuaderno los primeros días. Sentadlo donde su brazo izquierdo no dé contra la pared ni contra un hermano. Y poned el flexo a su derecha.
Para las tijeras, en casa hay una prueba de un minuto: que recorte una espiral dibujada en un folio. Si el papel se dobla y no entra, no es la mano.
Lo que sale mal la primera semana
Que el niño gira el papel al empezar y a los tres renglones lo ha vuelto a poner recto sin darse cuenta. Es normal. Por eso el celo en la mesa: durante unos días alguien tiene que recordárselo al pasar, sin dramas, con un golpecito en la esquina del folio.
Y que la letra empeore diez días. Empeora siempre que se cambia una postura, igual que cuando cambian de lápiz. A las tres semanas de las vacaciones de Navidad, el cuaderno de Marcos ya no venía gris por el canto. La letra no se volvió preciosa. Pero terminaba los dictados a la vez que los demás, que en noviembre no pasaba.