Nueva York suspende la IA hasta octavo: lo que dice de verdad el estudio en el que se apoya
Nueva York ha dejado sin inteligencia artificial a unos 600.000 alumnos, desde infantil hasta octavo grado, lo que aquí serían los dos primeros años de la ESO. Se retiran cuarenta herramientas educativas que ya estaban en uso y se prohíben los chatbots de acompañamiento emocional en todos los cursos.
Conviene decir una cosa que se está contando mal: no es una prohibición, es una moratoria de un año. La diferencia importa, porque lo que han montado es una pausa para mirar lo que pasa, no una puerta cerrada.
El estudio que hay detrás
La decisión se apoya en un ensayo con alumnos de instituto en Turquía, publicado en 2025 en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Es un ensayo con grupos asignados al azar, que es lo más parecido a una prueba que hay en educación.
Los resultados son los que circulan estos días y son ciertos. Los alumnos que practicaron con un tutor de inteligencia artificial sacaron un 48 % más en esas sesiones de práctica. Y cuando llegó el examen, sin ayuda, sacaron un 17 % menos que los que nunca la habían tenido.
Es decir: mientras la tenían parecían ir mejor, y cuando se la quitaron habían aprendido menos.
Y ahora la parte que casi nadie cuenta
El estudio tiene tres grupos, no dos.
El título del trabajo no es «la inteligencia artificial perjudica el aprendizaje». Es «la inteligencia artificial sin salvaguardas perjudica el aprendizaje». Y esa distinción no es un matiz de redacción: es el hallazgo principal.
Los investigadores probaron también una versión del tutor configurada para no dar la respuesta, sino pistas preparadas por el profesor. Con esa versión, el daño desaparecía.
O sea que lo que hunde el aprendizaje no es la máquina. Es la máquina que contesta.
Por qué pasa, explicado sin metáforas de gimnasio
Se está repitiendo mucho lo del cerebro como un músculo y lo de pagar a alguien para que levante la pesa. Se entiende, pero es una imagen y no una explicación.
Lo que hay debajo se conoce desde los años noventa y tiene nombre: dificultades deseables. Aprender de verdad ocurre en el rato en que intentas recuperar algo de la memoria y no te sale del todo. Ese esfuerzo incómodo es el que fija. Si la respuesta aparece antes de que ese esfuerzo ocurra, el esfuerzo no ocurre y no queda nada.
Por eso un alumno puede pasar una tarde entera «trabajando» con una herramienta y salir con la carpeta llena y la cabeza vacía. No es pereza. Es que nunca llegó a estar atascado.
Qué se puede hacer el lunes, en un aula de Primaria
Aquí hay que ser honestos con lo que dice el estudio: son alumnos de instituto y son matemáticas. No se puede trasladar sin más a un aula de segundo de Primaria. Lo que sí se traslada es el mecanismo, porque el mecanismo es de cómo funciona la memoria, no de la edad.
Si usas alguna herramienta, configúrala para que dé pistas. Es lo único del estudio que se puede copiar tal cual. En la práctica significa escribirle la instrucción: que haga una pregunta que acerque a la respuesta, que no la diga nunca, y que si el alumno insiste, siga sin decirla.
Deja el atasco encima de la mesa un rato más de lo que te pide el cuerpo. Nuestro impulso, cuando vemos a alguien bloqueado, es rescatar. Ese rescate es exactamente lo que hace la máquina cuando contesta. Treinta segundos más de silencio hacen más que la explicación que viene después.
Separa practicar de comprobar. Parte del problema del ensayo es que los alumnos confundieron ir rápido con ir bien. Si en clase la práctica y la comprobación están separadas —primero lo intento solo, después miro— la diferencia se ve y se ve pronto.
Lo del tiempo de pantalla, que se está quedando fuera
La medida de Nueva York no es solo de inteligencia artificial. Trae también topes de pantalla: media hora al día de tercero a quinto y tres cuartos de hora de sexto a octavo.
Eso se está contando poco y para un aula es probablemente más aplicable que lo otro, porque no depende de qué herramienta uses sino de cuánto rato.
Y lo que hicieron con el profesorado
Los docentes sí pueden seguir usando estas herramientas para preparar clases. Lo que no pueden es usarlas para calificar ni para decidir quién promociona.
Esa línea está bien trazada y merece copiarse aunque no se copie nada más. Un error humano en una nota se puede explicar, se puede recurrir y alguien responde de él. Los otros, no.