La carta de la vacuna llega en sexto, y conviene tener preparada la respuesta
Es octubre, estás en la puerta del colegio y otra madre te enseña un papel. «¿A ti también te ha llegado esto?»
Es la citación de la vacuna del papiloma. Llega en torno a sexto de Primaria, a los once o doce años, y todos los cursos provoca la misma conversación en la puerta y la misma pregunta en casa por la noche.
Esta entrada es para esa conversación. No es una clase de ciencias: es lo que conviene tener claro para contestar bien.
Qué es, en una frase
Es una vacuna contra un virus muy común que se transmite por contacto y que, años después, puede provocar cáncer.
Se pone a esa edad por un motivo que a veces incomoda decir y que es el correcto: funciona mucho mejor si se administra antes de cualquier exposición al virus. No se pone a los once años porque a los once pase nada. Se pone para que la protección ya esté puesta cuando haga falta.
Esa frase, dicha así de sencilla, suele bastar.
Qué previene, con el número entero
Las primeras vacunas previenen alrededor del 70 % de los cánceres de cuello de útero.
Merece la pena saber el número exacto y no quedarse en «lo previene». Primero, porque es mucho. Y segundo, porque explica algo que hay que recordar veinte años después: quien está vacunada sigue teniendo que hacerse las revisiones cuando le toque. La vacuna no las sustituye.
Esa es, probablemente, la información más útil de todo este texto.
Cuando preguntan «¿y quién inventó eso?»
Aquí hay una historia que a los de once y doce años les funciona muy bien, porque va de detectives.
Durante más de cien años los médicos tuvieron delante una pista rarísima y no supieron qué hacer con ella: había grupos de mujeres a los que este cáncer casi no les afectaba y grupos a los que sí. Eso sugería que algo se contagiaba, pero sugerir no es demostrar.
Quien lo demostró fue una mujer, Nubia Muñoz, nacida en Cali, en Colombia. Era epidemióloga, que es el oficio de contar lo que le pasa a mucha gente hasta que los números dicen algo con seguridad.
No lo hizo en un laboratorio. Lo hizo recogiendo datos en países muy distintos durante años, con el mismo método en todos, para que nadie pudiera decir que el resultado era casualidad de un sitio. En 1995 la prueba fue suficiente para que se declarara oficialmente que ese virus causa cáncer. Once años después existía la vacuna.
En 2008 el Premio Nobel reconoció el descubrimiento y se lo dieron al científico que había encontrado el virus. A ella la nominaron y no se lo dieron.
Y esto se puede llevar al aula
La historia da para una actividad de quince minutos en sexto, y no hace falta hablar de vacunas.
Se llama distinguir entre «pasa a la vez» y «lo causa».
Qué hace falta: la pizarra y tiza.
Cómo va: se escriben tres parejas de cosas que ocurren juntas y se les pregunta si una causa la otra.
- En verano se venden más helados y hay más gente en la playa.
- Los niños que desayunan bien sacan mejores notas.
- Cuando alguien tose mucho en clase, a los tres días tosen más.
La primera es la fácil: ni el helado llena la playa ni la playa vende helados, hay una tercera cosa que es el calor. La segunda cuesta más. La tercera casi siempre la aciertan.
Lo que suele salir mal la primera vez: que se quedan en «sí, porque sí». Hay que pedirles siempre la misma pregunta de vuelta: «¿y cómo lo comprobarías?». Ahí es donde aparece solo el concepto de comparar dos grupos.
En casa vale igual, a la hora de cenar y sin pizarra.
Una última cosa
Si el papel sigue en la encimera y hay dudas, la conversación no es en la puerta del colegio: es en el centro de salud, que para eso está.
Aquí solo se cuenta qué hay detrás del sobre.